Triste anda la gata rechoncha desde que tiene que maullar solita, ya ni la redonda y pálida luna, eterna compañera de sus soledades, ilumina la oscura noche que transita. Estira una de sus patas, desperezándose, y vuelve a naufragar en sus recuerdos. Sacude suavemente la pequeña cabeza y fija la mirada en ese punto inexistente que nunca le supo dar una respuesta sobre las heridas de su corazón doliente. Nostálgica, levanta las orejas, piensa en el tejado que frecuentaba y en el inquilino de esa azotea, aquel que canciones de amor ronroneaba. Cierra los ojos, la gorda minina, e imagina los juegos que le enseñó el negro gato. Recuerda que podían gastar días enteros brincando de un lado a otro por el tejado o podían quedarse en alguno de sus rincones, saboreando en silencio la felicidad de tenerse al costado. La gata rechoncha mueve, inquieta, la cola. Extraña la vieja azotea, pero no puede dejar de preguntarse si acaso entre nuevos saltos y ronroneos podría recibir otro arañazo.
sábado, 22 de mayo de 2010
Historia de gatos
Triste anda la gata rechoncha desde que tiene que maullar solita, ya ni la redonda y pálida luna, eterna compañera de sus soledades, ilumina la oscura noche que transita. Estira una de sus patas, desperezándose, y vuelve a naufragar en sus recuerdos. Sacude suavemente la pequeña cabeza y fija la mirada en ese punto inexistente que nunca le supo dar una respuesta sobre las heridas de su corazón doliente. Nostálgica, levanta las orejas, piensa en el tejado que frecuentaba y en el inquilino de esa azotea, aquel que canciones de amor ronroneaba. Cierra los ojos, la gorda minina, e imagina los juegos que le enseñó el negro gato. Recuerda que podían gastar días enteros brincando de un lado a otro por el tejado o podían quedarse en alguno de sus rincones, saboreando en silencio la felicidad de tenerse al costado. La gata rechoncha mueve, inquieta, la cola. Extraña la vieja azotea, pero no puede dejar de preguntarse si acaso entre nuevos saltos y ronroneos podría recibir otro arañazo.
jueves, 20 de mayo de 2010
Inmunidad
Y al final de todo
siempre quedas tú.
Incluso después de que el mundo se destruye.
Queda tu voz,
aún cuando es tu grito
el único causante de mi sordera.
Y tu boca,
pese a que esos labios tuyos
me han herido de muerte con sus balas.
Quedan también tus ojos,
aquellos que cargados de furia
marchitaron mis pétalos con una sola mirada.
Y tus manos, tu sudor, tu aliento...
Siempre quedas tú,
como ese hogar al que uno vuelve
al final de todo y pese a todo.
Incluso después de que el mundo, mi mundo, se destruye.
siempre quedas tú.
Incluso después de que el mundo se destruye.
Queda tu voz,
aún cuando es tu grito
el único causante de mi sordera.
Y tu boca,
pese a que esos labios tuyos
me han herido de muerte con sus balas.
Quedan también tus ojos,
aquellos que cargados de furia
marchitaron mis pétalos con una sola mirada.
Y tus manos, tu sudor, tu aliento...
Siempre quedas tú,
como ese hogar al que uno vuelve
al final de todo y pese a todo.
Incluso después de que el mundo, mi mundo, se destruye.
viernes, 7 de mayo de 2010
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