viernes, 30 de abril de 2010

Rutina

Abrir los ojos en la oscuridad de esta noche sempiterna, sentirte extraviada en una habitación de dos por tres, olvidar tu nombre por un instante pero no poder olvidar el suyo ni por un segundo, sentir tus latidos reventando tus oídos, tu pecho, tu boca; sentarte al borde de la cama e intentar recomponerte mientras escuchas a un perro lamentar en la calle su soledad, ignorar esa lágrima tibia que invade tu mejilla y cerrar los ojos, una vez más, sabiendo que el ciclo pronto volverá a empezar...

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